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Quemar la casa

  • Foto del escritor: Sofia Di Palma
    Sofia Di Palma
  • 13 ago 2024
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 abr

Me sorprendió que ya no se sorprendiera por nada, como si todo le hubiera sucedido.

Con el tiempo los recuerdos pasan a ser recuerdos de recuerdos.

Pierdo la fe, no creo en Dios mientras intento explicar cada caricia que desgasta mi piel. Finalmente, abrazo el dolor. Justo ahí desaparece.

Una historia

Mi jardín era violento, como el sol del mediodía, y cada mañana me ardía la piel al despedirme de ella. "El tiempo no existe", pensaba. Pero después crecí, y me fui, y de repente la encontraba sin verla, a cada paso, en aquella ciudad tan lejana. Dicen que no hay distancia más grande que el tiempo. Yo nunca más volví. Me sumergí en calles plateadas, cordones húmedos y blancos, molidos. “¿QUÉ MIERDA BUSCÁS?” me preguntaban algunos hombres. Yo escapaba, no lo entendían: me alejaba de aquello mismo que perseguía.

Se volvía insostenible. Su olor brotaba hasta de las flores secas, el recuerdo de sus ojos era como espejo de minimarket open 24hs: una sucia proyección de la muerte. De nuestra muerte. “Amar es dar lo que no se tiene a quien no es”. “¡Qué verga!”.

Otra historia

Cuando pienso en María una bocanada de humo me asfixia, como si sus manos aún siguieran estropeando mi cuello blanco y delicado. María me dio todo lo que siempre busqué: nada. Ella me miraba fijo y yo lloraba. En aquel mundo tan poco vibrante, María era mi antena de conexión al cielo.

Y comienzo un nuevo romance.

Me sumerjo. GLU GLU GLU.

Otra historia

Ahora desde mi balcón no puedo ver mucho, solo un par de estrellas. Me siento a fumar y pienso en ardillas, digo en María. "El tiempo no existe". Marte se parece a María, la estrella roja, la que tiene ovnis y bichos. Pasa un avión. Pienso a dónde irá. Cuántos sueños volarán antes de explotar como grano de maíz en mi sartén.

Empecé a vivir un teatro del género fantástico. Por la noche se enciende la luz de nuestra ventana y damos comienzo a la función: “¿Qué tal te fue, mi amor?”. Tengo nauseas. “No entiendo por qué, ni cómo ni cuándo, pero te odio”. AH, “¿Un café?”.

El confort no resulta tan confortante pasados los años, y te juro que no entiendo absolutamente nada de teatro, pero un día llegaste a casa y… te juro que aún recuerdo los gestos de tu boca y de tu lengua:

Otra historia

“Sofi, las gitanas me dijeron que fui una de ellas. Y que fui una emperatriz”. Yo te miro y sonrío: “Tus células tienen memoria Ma... María”.

La historia anterior

Ella por si acaso levantaba murallas en vez de manteles. Su vida era una constante condena a vivir y yo temía por aquel futuro tan incierto e impredecible a su lado. Su irremediable agonía por el control no le permitía conectar las pocas neuronas que le quedaron luego de aquel incendio que duró seis años y una hija.

La historia anterior a la anterior

Algo de la vida y la muerte se me reveló cuando corté con mi ex. Los números son el algoritmo del universo, y haber puesto fin a algo que se suponía infinito me abrió los ojos a los puntos finales.

La historia final

Yo buscaba recovecos en los rincones de su casa. Como si recostarme en algún sitio distinto al sofá o a la cama me devolviese el sabor de la aventura que se esfumaba con el paso de los años. Pero el tiempo no existe, y yo debía romper con el patrón.

El fin de la historia

Volví a llamar a María. No hay distancia más grande que el tiempo y aquella casa ya era puro fuego.


Sofía Di Palma

 
 
 

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@sofidipalma

De viaje hacia la luz

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