Juego de niños
- Sofia Di Palma

- 30 jul 2023
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 11 abr
Hace mucho que no escribo y hoy estoy cansada, pero corro a teclear como vos corres a esconderte: 1, 2, 3, 4, 10. Te vi. Ya está. Ahora contas vos.
Yo corro a esconderme y no encuentro mejor sombra que la de tu espalda de espaldas al rio jugando a ser bufanda de mi cuello. Mis manos naufragan inconscientes alrededor del aura de tu cintura y se detienen justo en el momento en que decís: “DOS”. Esa palabra.
Yo me acurruco en silencio para que no me veas, quieta y tiesa, un oxímoron con aire de pulmón vivo. Cuando estoy quieta juego, cuando estoy tiesa, me dejo ser vulnerable otra vez. “Otra vez no” me dije, pensé, sentí, y corrí desesperadamente a esconderme, pero esta vez detrás del árbol.
Ese árbol con hojas amarillas atemporales que desafinan el paisaje desafiando la gravedad, y un panal de abejas con ganas de tocar el cielo. Ese árbol en el que te besé por primera vez y te dije en un susurro asustado: “si te moves nos pican las abejas”.
Por eso te besaba despacio, para que las abejas no supieran nada sobre el amor. No estaba siendo vulnerable, ni tiesa, ni quieta. Tampoco jugaba a esconderme, ni te quería. Sólo intentaba cuidarte de las abejas. Me picó una cuando era niña, y me dolió. Y recordé que a mi nadie me avisó de las abejas aquel dia, ni me cuidó, ni me besó, ni me quería.



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